EL CIELO
27
El habla de los ángeles
234. Los
ángeles hablan entre sí exactamente como los hombres en el, mundo, y,
como estos, hablan de varias cosas; de asuntos domésticos, de asuntos
del estado civil, de asuntos de la vida moral y de asuntos de la vida
espiritual; no hay diferencia con excepción de que los ángeles entre sí
hablan con mas inteligencia que los hombres, puesto que hablan desde un
pensamiento más interior; a menudo me ha sido dado estar junto con ellos
y hablar con ellos como amigo con amigo, y a veces como un desconocido
con un desconocido, y puesto que entonces me he hallado en igual estado
que ellos no he sabido sino que hablaba con hombres en la tierra.
235. El
hablar con los ángeles se verifica en forma de palabras como el hablar
humano, se pronuncia también tan audiblemente y se oye tan claramente
como esté porque ellos también tienen boca, lengua y oídos, y tienen
asimismo, una atmósfera, en la cual el sonido de su habla se articula,
pero es una atmósfera espiritual, adaptada a los ángeles, que son
espirituales; los ángeles respiran en su atmósfera como los hombres en
la suya y pronuncian las palabras mediante la respiración.
236.
Todos en el cielo tienen un solo idioma, todos se entienden, no importa
de que sociedad sean, de una sociedad vecina o de una sociedad lejana.
Allí la lengua no se aprende; sino que está implantada en cada uno,
porque emana de la inclinación misma y de su pensamiento; el timbre de
su voz corresponde a su inclinación, y la articulación del sonido, o sea
las palabras, corresponden a las ideas del pensamiento que vienen de la
inclinación, y puesto que el habla corresponde a estas, es ella también
espiritual, porque es la inclinación transformada en sonido y el
pensamiento en habla. Él que reflexiona puede saber que todo pensamiento
viene de la inclinación que pertenece al amor, y que las ideas del
pensamiento son las diversas formas en las que se halla distribuida la
inclinación común, porque sin inclinación no hay absolutamente ningún
pensamiento y ninguna idea; su alma y su vida vienen de ella. Por esta
razón los ángeles conocen la calidad de otro por el mero hablar: por el
sonido, la calidad de su inclinación, por la articulación del sonido, o
sea por las palabras, la calidad de su mente. Los ángeles más sabios
conocen por una sola frase cual es la inclinación predominante, porque
en esta fijan su atención con preferencia. Conocido es que cada uno
tiene varias inclinaciones; una cuando se halla en alegría, otra cuando
en tristeza, otra cuando en clemencia y misericordia, otra cuando se
halla, en sinceridad y verdad, otra cuando está en amor y en caridad,
otra cuando se halla celoso e iracundo, otra cuando intenta simular y
engañar, otra cuando aspira a honores y gloria, y así en adelante. Pero
la inclinación, o sea el amor domínate, se halla en todas ellas, por lo
cual los ángeles más sabios, puesto que perciben esto, conocen por el
habla completamente el estado del otro. Por mucha experiencia he llegado
a saber que es así; he oído a ángeles revelar la vida de otro,
sencillamente mediante el haberle escuchado; han dicho también que
conocen cuantas cosas hay en la vida de otro por medio de algunas ideas
de su pensamiento, puesto que por estas conocen su amor predominante, en
el cual todo se halla por su orden, y que el libro de vida del hombre no
es otra cosa.
237. La
lengua angélica nada tiene de común con las lenguas humanas, con
excepción de algunas palabras, que suenan de cierta inclinación; sin
embargo no con las palabras mismas sino con el sonido de ellas, sobre
cuyo particular se dirá algo en lo que sigue. Que la lengua angélica
nada de común tiene con las lenguas humanas es evidente por esto de que
a los ángeles es imposible pronunciar una sola palabra de la lengua
humana; han probado pero no han podido, porque no pueden pronunciar más
que lo que concuerda con su inclinación; lo que no concuerda repugna a
su vida misma, porque la vida es de la inclinación, y de esta viene su
hablar. Se me ha dicho que la primera lengua de los hombres en la tierra
concordaba, porque la tenían del cielo; y que la lengua hebrea concuerda
con algunas cosas.
238.
Puesto que el hablar de los ángeles corresponde a sus inclinaciones que
son del amor, y que el amor en el cielo es amor al Señor, y amor al
prójimo (véase arriba, n. 13-19), es evidente cuan hermoso y grato es su
hablar, porque no afecta tan sólo a los oídos, sino también al interior
de la mente de los que oyen. Hubo cierto espíritu, duro de corazón, con
el cual habló un ángel; se afectó tanto, al fin, por el hablar de este,
que vertió lágrimas; dijo que no podía resistir, puesto que era el amor
mismo hablando y que jamás antes había vertido lágrimas.
239. El
hablar de los ángeles está asimismo lleno de sabiduría, puesto que
procede de su pensamiento interior, y su pensamiento interior es
sabiduría, así como su inclinación interior es amor; su amor y sabiduría
se reúnen en el hablar; de ahí que este es tan lleno de sabiduría que
pueden expresar con una sola palabra lo que el hombre no puede con mil
palabras, al par que las ideas de su pensamiento envuelven cosas que el
hombre no puede concebir, mucho menos pronunciar; por esto es que las
cosas que se han oído y visto en el cielo se llaman indecibles, cuales
nunca oído escuchó ni ojo vio. Que así es me ha sido dado saber también
por experiencia. Algunas veces he sido introducido en el estado en el
cual se hallan los ángeles, y en este estado he hablado con ellos,
comprendiendo entonces todo; pero al ser reintroducido en mi anterior
estado, y por consiguiente en mi pensamiento natural, propio del hombre,
queriendo entonces recordar lo que había oído, no he podido; porque
había mil cosas que no se adaptaban a las ideas del pensamiento natural;
eran por consiguiente indecibles, no siendo en las variaciones de la luz
celestial; por lo tanto de ninguna manera podían interpretarse con
palabras humanas. Las ideas del pensamiento de los ángeles, de las
cuales vienen sus palabras, son en efecto modificaciones de la luz del
cielo, y las inclinaciones, de las cuales viene el sonido de las
palabras, son modificaciones del calor del cielo, siendo así que la luz
del cielo es la Divina verdad, o sea la sabiduría, y el calor del cielo
es el Divino bien, o sea el amor (véase arriba, n. 126-140); y del
Divino amor tienen los ángeles la inclinación, y de la Divina sabiduría
tienen el pensamiento.
240.
Puesto que el hablar de los ángeles procede directamente de su
inclinación, siendo, como arriba, n. 236, queda dicho, las ideas del
pensamiento, las diversas formas en las cuales se halla distribuida la
inclinación común, pueden los ángeles en un minuto expresar lo que el
hombre no puede expresar en una media hora, y asimismo pueden con unas
pocas palabras exponer lo que por escrito ocuparía varias páginas: esto
me consta también por mucha experiencia.2 Las ideas del pensamiento de
los ángeles y las palabras de su habla forman uno, como la causa
enciente y el efecto; porque en las palabras se presenta en efecto lo
que en las ideas del pensamiento se halla como causa: de ahí que cada
una de las palabras encierra en sí tantas cosas. Los detalles del
pensamiento y por consiguiente los detalles del hablar de los ángeles,
al ser expuestos a la vista, aparecen efectivamente como una tenue onda,
o atmósfera, que flota alrededor, en la cual hay innumerables cosas por
su orden, las cuales proceden de su sabiduría y entran en el pensamiento
de otro, afectándole. Las ideas del pensamiento de cada uno, tanto las
del ángel cuanto las del hombre, son presentadas a la vista en la luz
del cielo cuando al Señor place.
241. Los
ángeles que están en el reino celestial del Señor hablan de igual manera
que los ángeles que están en el reino espiritual del Señor, pero los
ángeles celestiales hablan desde un pensamiento más interior que los
ángeles espirituales y puesto que los ángeles celestiales están en el
bien del amor al Señor, hablan por sabiduría, y los ángeles
espirituales, puesto que están en el bien del amor al prójimo, que en su
esencia es verdad (n. 215), hablan por inteligencia, porque del bien
viene la sabiduría, y de la verdad la inteligencia; por esto el hablar
de los ángeles celestiales es como un río tranquilo, suave y por así
decir continuo; pero el hablar de los ángeles espirituales tiene algo de
vibrante y desigual: el hablar de los ángeles celestiales suena también
mucho de las vocales u y o, y el hablar de los ángeles espirituales de
las vocales e é i, porque las vocales exprimen el sonido y en el sonido
está la inclinación, según arriba (n. 236) se ha dicho, o sea que el
sonido del habla de los ángeles corresponde a la inclinación y la
articulación del sonido, es decir, las palabras corresponden a las ideas
del pensamiento que vienen de la inclinación. Puesto que las vocales no
pertenecen al idioma sino a la elevación de las palabras, mediante el
sonido, a diferentes inclinaciones según el estado de cada uno, sucede
que las vocales en el idioma hebreo no son definidas, y se pronuncian de
varias maneras. Es por esta razón que los ángeles conocen como son los
hombres, con respecto a la inclinación y al amor. El hablar de los
ángeles celestiales carece también de consonantes duros, y rara vez
corre de consonante en consonante, sin intercalar una palabra que
empieza con vocal; de ahí que en el Verbo se halla intercalada tan a
menudo la pequeña voz "y," de lo cual pueden convencerse los que leen el
Verbo en el idioma hebreo, en el cual esta pequeña voz es suave,
principiando y terminando con vocal. Por las voces del Verbo en aquel
idioma puede hasta cierto punto saberse si pertenecen a la clase
celestial o a la clase espiritual; es decir, si encierran en sí el bien
o la verdad; las que encierran el bien tienen mucho de u y de o y
también de a; y las que encierran la verdad tienen mucho de e y de i.
Puesto que las inclinaciones se expresan principalmente mediante los
sonidos, sucede que en los discursos de los hombres sobre temas
sublimes, tales como el cielo y Dios, son predilectas las palabras que
contienen u y o. Hasta las notas musicales se revisten de estas vocales
cuando se trata de expresar tales cosas. Otra cosa sucede cuando se
trata de cosas no sublimes. Así es, que mediante el arte de la música
puede expresarse inclinaciones de varias clases.
242. En
el hablar de los ángeles hay cierto acento armonioso, indescriptible.
Este acento viene de que los pensamientos y las inclinaciones, de los
cuales procede el habla, se difunden y extienden según la forma del
cielo y según la forma del cielo se hallan todos asociados y se verifica
toda comunicación. Que los ángeles se hallan asociados según la forma
del cielo y que sus pensamientos e inclinaciones se extienden según
ella, se puede ver arriba (n. 200-212).
243. Un
idioma como el que hay en el mundo espiritual se halla implantado en
cada hombre, en la parte interior de su pensamiento; pero puesto que
esta lengua no cae en palabras análogas a las inclinaciones, como en los
ángeles, el hombre ignora que la posee en sí. Es, sin embargo, por esto
que el hombre, al entrar en la otra vida, se halla en igual idioma que
los espíritus y los ángeles allí, y que así sabe hablar sin ser
enseñado. Pero sobre este particular se dirá más luego.
244. El
idioma es único para todo el cielo, como se ha dicho más arriba, con la
particularidad, sin embargo, de que el habla de los sabios es interior y
más llena de modificaciones de las inclinaciones y de las ideas de los
pensamientos; mientras que el habla de los menos sabios es exterior y no
tan llena, y el habla de los simples aún más exterior, y por eso formada
de palabras de las cuales se ha de sacar el sentido, como cuando los
hombres hablan entre sí. Hay también un hablar por el rostro, terminando
con sonido, modificado mediante las ideas; existe asimismo un hablar en
el cual se hallan cosas representativas del cielo, mezcladas con ideas,
y mediante las ideas presentadas visibles. También hay un hablar
mediante gestos que corresponden a las inclinaciones y expresan iguales
cosas que las palabras de estas. Existe un hablar mediante las cosas
comunes de las inclinaciones y las cosas comunes de los pensamientos,
hay un hablar tonante; y además otros.
245. El
idioma de los espíritus malos e infernales les es, también connatural,
puesto que viene de las inclinaciones, pero consiste de inclinaciones
malas y por ello de ideas sucias, que los ángeles aborrecen en lo sumo.
Los modos de hablar del infierno son por consiguiente opuestos a los del
cielo, por lo cual los malos no pueden sufrir el hablar angelical, ni
los ángeles el hablar infernal; el hablar infernal es para los ángeles
como un mal olor que hiere la nariz. El hablar de los hipócritas, que
son los que pueden imitar a los ángeles de la luz, es parecido al hablar
de los ángeles, en cuanto a las voces, pero en cuanto a las
inclinaciones, y por consiguiente a las ideas del pensamiento, es
completamente opuesto, por lo cual este hablar, al ser percibido tal
como es en su interior, lo cual sucede cuando lo oyen los ángeles
sabios, suena como el crujir de dientes, e infunde horror.
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